Desde el Paleolítico y Neolítico a la Edad de Bronce y del Hierro, pasando por el Periodo Romano , posteriormente el dominio musulmán, desde la fundación de Portugal (el 9 de enero de 1154, D. Afonso Henriques otorga la Carta de Foral a la Villa de Sintra) a los Descubrimientos. Sintra, que sobrevivió al Terremoto de 1755, tiene su período dorado entre finales del siglo XVIII y todo el siglo XIX.
En aquel momento comienza el redescubrimiento de la magia de Sintra, cuya forma medieval más antigua conocida "Suntria" apunta al indoeuropeo “astro luminoso” o “sol”. También fue conocida como Monte Sagrado y Serra da Lua (sierra de la luna).
En el tercer cuarto de siglo XVIII el espíritu romántico de los viajeros extranjeros y de la aristocracia portuguesa ensalza la magia de Sintra y de sus lugares, a lo que contribuye el exotismo de su paisaje y de su clima. A Sintra llega en el verano de 1787 William Beckford , huésped del 5° marqués de Marialva, caballerizo mayor del reino, residente en su propiedad de Seteais. Es en aquel momento cuando la aún princesa D. Carlota Joaquina, esposa del regente D. João, compra, a principios del siglo XIX, la Quinta y el Palácio do Ramalhão. Entre 1791 y 1793 Gerard Devisme construye en su extensa Quinta de Monserrate el palacete neogótico. Es también el exotismo de este paisaje envuelto por la niebla durante buena parte del año, lo que atrae a otro inglés, Francis Cook, el segundo arrendatario de Monserrate después de Beckford y a expensas del cual se construye el pabellón de estilo oriental que hoy conocemos, entre una serie de magnates extranjeros que por allí se van instalando en palacios, palacetes y casas que mandan construir o reconstruyen adaptándose a las posibilidades de tan extraordinario medio natural.
Entre la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, Sintra se convirtió en un lugar privilegiado para artistas: músicos como Viana da Motta; músicos pintores como Alfredo Keil; pintores como Cristino da Silva (autor de uno de los más conocidos lienzos del romanticismo portugués, Cinco Artistas em Sintra); escritores como Eça de Queiróz o Ramalho Ortigão, todos ellos vivieron, trabajaron o buscaron la inspiración en este lugar.
Muchos otros artistas fueron seducidos por Sintra. Sintra se transformó en arte escrita, pintada, cantada y recordada por Byron, Christian Andersen, Richard Strauss y William Burnett, entre otros.
“Sintra no es una villa cualquiera”, como escribió en 1989 el historiador del Arte Vítor Serrão, Sintra es Patrimonio Mundial de la Humanidad , es Paisaje Cultural (catalogada por la UNESCO ).
Sintra es un universo paralelo que sólo conocemos por los sueños, pero que existe muy cerca de aquí.


